El aire entre mis dedos, fricción inusual. El viaje se prolonga bajo mis párpados cerrados.
Nuestros pies pisan tierra húmeda, confortable. Miramos las nubes pasar. Texturizan el momento. Instantes eternos. Instante, más allá del tiempo.
Lágrimas secas, respiración agitada. Podría ser.
Me encierro al fuego de estas posibilidades, se estremecen los hombros. Deleite tácito.
Inhalo el aroma del deseo incontrolable y las imágenes nunca estáticas parece que por siempre pasarán. Caminan, corren, blanco y negro. Laten. Fuerte. Como agua al sol. Brillan, incandilan la oscuridad de los pensamientos espontaneos de lo que no será. Bailan grotescamente unos y otros, entre humo gris. Son el humo. Son yo. Soy yo.
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