lunes, 13 de junio de 2011

Un poco de música

El jazz se arrastra a través de la ventana y con sutileza empuja el fuego sempiterno fuera de su lecho. Parece apresurado, pero es lo que tiene que ser. No hay porque lamentarse, nadie lo hace. Ni los gatos negros en los techos bajos, ni las voces susurradas de en frente... Tal vez si pensaran en ello encontrarían alguna razón para la amargura. Siempre las hay, pero también siempre son malas excusas.
En la más azul soledad se encuentran muchas de aquellas excusas, que son lo único que conforma esa soledad. La soledad.
Es una elección escuchar o no las excusas.
Personalmente, considero estupido escucharlas.
Muchas veces somos estupidos; inconcientes, por ende, estupidos.
Necesitar de pensar, protectar, es triste, cuando existen el sol, el verde, la vida, el amor... Por más difícil que sea comprenderlos a todos...
Somos concientemente baratos. De oferta. Nos compran la estupidez y la pereza, la codicia y la ignorancia.
Las piedritas y raíces colisionan con nuestros pies y la tierra o el cemento, chocan con el rostro y nos levantamos con un fondo musical repleto de tensiones heroicas solo para, aparentemente, disminuir o aumentar estas tensiones fuera de lo agradable, para caer en el terror de la idiotez y la desesperanza. De la postergacion, del miedo. De la angustia y la impaciencia. De todo eso que es costumbre y cotidiano, según parece, y que nos zurca la cara y nos tumoriza la vida y nos plaga la vista de nieve negra como el sol y nos quema de frio el entendimiento.
Nos refugiamos en las gondolas y las excusas, en las pantallas, las comparaciones y los exitos, en la cultura y en el intelecto.
Ya no somos baratos, venimos de regalo con la crema de afeitar y el desodorante.
Y no es eso, en precisión, lo que somos, pero al creerlo tan fervientemente, creerlo realmente, realmente lo somos.
Al menos, la mayoria de nuestros momentos.

No importa lo que los demás sean mas lo que sea uno. Sin excusas. Sin juicios.

Bailamos una danza de arlequín entre flor y fruto. Pero no hay decisiones, solo observaciones.
Somos del vacío y del silencio.

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