jueves, 7 de abril de 2011
Un movimiento salvaje, una esperanza iluminada por lámparas de aceite casi faltas de combustible. Desesperante interiormente, disputas, debates, controversias. La superficie se mantiene firme. Sin demostraciones. Más que el temblor. Pero las cuestiones incuestionables se suprimen y... Temblores leves, profundos intercalados en éxtasis de alegría incontenible. Nulidad de estemecimientos, solo éxtasis de alegría incontenible. Absolutamente espontanea, sin la más mínima inquisición, sin indagar, averiguar, nada. Sin pensar, bailando inherentemente con el aire, con los árboles, las hojas del suelo, la vida. Alegría, alegría sin razón, sin lógica. Expectativas inexistentes, hacia ninguna dirección, ni norte, ni sur, no hay este, ni oeste. No hay nada, hay nada. Hay todo, está todo, todo está libre en el vacío de la existencia. Del vacío lleno por la espontaneidad de la risa, de la vida, del respirar, del beso, el abrazo, la simpatía, la amabilidad, la alegría, la alegría. Del amor. De lo más allá del cuerpo, de lo que lleva al cuerpo a brillar de tanto ser, a no desear, a hacer, al amor. A amar. El amor encuentra el cuerpo, el amor encuentra al ser cuando se da cuenta que eso mismo es. Soundtrack: http://www.youtube.com/watch?v=dDhGq4wFiuY (escuchar entero, recomiendo).
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