Hay que prestar atención, nada más.
Sin juzgarme de ninguna manera, sin autocriticarme.
Sin autocompadecerme.
Sin proyectarme.
Sin quejarme.
Sin enojarme.
Sin desesperar, sin impacientar.
Solo mirandome, observandome, observandome.
Nada más, dificil, si. Pero no imposible.
Nada más hará del tiempo la felicidad, es decir, del tiempo, el infinito.
El no-tiempo en el tiempo. Por lo tanto presente unicamente.
Lo eternamente hermoso de cada instante.
Lo eternamente hermoso de ser a cada instante lo que el instante dicta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario