sábado, 18 de diciembre de 2010

Más allá


Me propongo minimalizar cada sentimiento, cada percepción hasta el punto en el que pierda el hilo en un vacio y al unir mis pestañas innundar de polvos estelares y estrellas relucientes lejanas, partes de místicas galaxias absorbidas por su centro a velocidades inimaginable, pero irrelevantes para la infinita vida habitando dentro de cada ínfimo ser.

Descanso ahora recostado en el balcón de los deseos, mecido por el hálito y la energía de los árboles. Suspendido en el aire mi cuerpo siente en lo alto la afamada libertad de las aves, compartiendo la brisa sin caminos ni intersecciones. Un sinfin de direcciones las arropan en sus intuitivas decisiones - más allá del bien y el mal. ¿Qué es eso sin la razón?. El instinto no conoce de dualidades, solo sabe de los interminables ciclos y transformaciones de la naturaleza-.

Cantan alegres y se miran con empatía mientras con sus alas plumiferas empujan con ahinco el leve aire hacia atras propulsando firmes sus torsos en dirección a donde les plazca experimentar el momento, como una mano de una talentosa concertista empujando el arco con vivacidad y nostalgia, rozando con delicadeza la cuerda de un violin, rodeada de una orquesta interpretando una fantasía de Vaughan Williams.

De esta manera, vuelve a fallar la idea de que los seres vivos y todo lo existente estamos irremediablemente divididos y que solo la muerte nos unirá, en un final sin consecuencias y felicidad (o no)... la unidad está presente en este mundo de materia, tanto como en el de energía. En la teoría y en la práctica. En este planeta y en otros, solo nos enceguece la mentalidad individual e individualista. Deja la unidad para después, cuando no existe tal cosa como el futuro, más allá de nuestros terrenales pensamientos:

El presente es eterno, cada suspiro, cada parpadeo, cada lágrima, carcajada, bostezo o impulso, cada ladrido, graznido, bocina o alarma, cada silencio, cada discurso, cada composición o improvisación, cada movimiento, suceden en simultaneo.

El tiempo no existe más alla del cerebro del racional, pero estamos supeditados a el por acostumbramiento.

¿Por qué no decirle "te amo" a cada uno? ¿Por qué no desearle suerte y bien hasta el más acérrimo enemigo? ¿Por qué no dominar el arte de la paciencia con la naturalidad del respirar? ¿Por qué no perseverar hasta el nuevo comienzo? ¿Por qué no servir hasta un bien común sin descensos y vivir en armonía enlazados en un equilibrio perfecto? ¿Por qué nuestras vergüenzas, vanidades, rencores, envidias nos dominan desde el interior de un gigantesco matambre de ego enrollado en inconciencia?.

¿Hacia dónde corremos con tanto miedo? ¡Si no hay recta final, no hay competencia, no hay muerte más alla de la imaginación!.

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